En el teletrabajo el control ya no lo realiza un supervisor, sino un programa instalado en las computadoras de cada uno de los trabajadores. Cuenta las horas con la sesión abierta, toma fotos de la pantalla cada cierto rato, registra si el mouse se movió, mide cuánto tardó en responder un mensaje y con todo eso arma indicadores. Al fin de mes, alguien de gerencia recibe una lista ordenada de mejor a peor. Y llega la siguiente pregunta: si el programa lo deja último, ¿ya puedo despedirlo? No. Un puntaje no es una conducta, y nadie puede defenderse de un número.
Tres límites que el programa no mueve
Lo que el puntaje no ve
Que el mouse no se movió no prueba que no se trabajó: una llamada con un cliente, una reunión presencial, la lectura de un expediente o una falla de internet se registran igual que la inactividad. Ese es el problema de fondo: el indicador mide presencia frente a la pantalla, no cumplimiento de obligaciones. Y en el teletrabajo lo exigible es el resultado, no el tiempo con la sesión encendida.
Tres tareas antes del próximo cierre de mes