Publicado el: enero 5, 2026
En muchas empresas ocurre lo siguiente: se detecta un robo, un fraude, un accidente, un incumplimiento de política interna o una mala práctica en un área, y quien ejecutó el hecho fue un trabajador del equipo. De inmediato surge la duda: “¿y el jefe o supervisor?” Porque, al final, ese puesto existe justamente para organizar el trabajo, controlar riesgos y evitar que el área se desordene. El problema es que, si se actúa con apuro, puede terminar sancionándose al supervisor solo “por ser el jefe”, sin revisar si realmente incumplió un deber propio, lo que eleva el riesgo de contingencias laborales.
No. Ser supervisor no significa que responda automáticamente por todo lo que haga su equipo. Para atribuirle responsabilidad debe acreditarse que:
Si la empresa solo sostiene “como era supervisor, responde”, el despido suele quedar débil.
Cuando el supervisor incurre en una falta propia vinculada a su función, por ejemplo:
La clave es demostrar que la causa no es “lo que hizo el subordinado”, sino lo que dejó de hacer el supervisor y que ello constituye una falta grave.
Para reducir riesgos, la empresa debería contar con evidencia de:
Recomendación
Antes de sancionar, documenten el caso con esta lógica: (i) deber de supervisión, (ii) posibilidad real de control, (iii) omisión negligente, y (iv) gravedad/impacto. Si esa cadena no está bien probada, lo más seguro es reforzar controles (funciones, protocolos, trazabilidad, capacitaciones) y evaluar una medida proporcional, porque el punto más cuestionado en conflictos laborales suele ser sancionar a un supervisor “por el cargo” y no por una falta propia acreditada.