Publicado el: enero 14, 2026
Muchas empresas crecen rápido, pero se traban en lo más simple: todo depende de la firma del dueño o del gerente. Un contrato se retrasa, un trámite se cae, una cuenta bancaria se paraliza o una oportunidad se pierde porque “no estaba quien firma”.
En la práctica, el otorgamiento de poderes permite que el negocio funcione con continuidad, sin perder control, delegando de manera ordenada y segura.
1) ¿Qué es un poder y para qué sirve en la vida real del negocio?
Un poder es una autorización legal para que una persona (apoderado) represente a otra persona o a la empresa (poderdante) y actúe en su nombre frente a terceros.
Ejemplo sencillo: estás de viaje o en reuniones, y tu empresa necesita: firmar un contrato, recoger una mercadería con guía, gestionar un trámite municipal, atender un procedimiento ante una entidad pública o firmar documentos ante notaría. Con un poder bien otorgado, el apoderado puede hacerlo sin que el negocio se detenga.
2) ¿Qué tipo de poder debería otorgar una empresa?
Depende de lo que quieras delegar y del riesgo que estás dispuesto a asumir:
3) ¿Cuáles son los riesgos más comunes y cómo se controlan?
El riesgo no está en delegar, sino en delegar “en blanco”.
Los problemas típicos son: poderes demasiado amplios, falta de topes, ausencia de vigencia, apoderados que actúan fuera de lo esperado o conflictos internos (“¿quién autorizó esto?”).
Para controlarlo, un poder bien hecho suele incluir:
Recomendación final
Si eres empresario, piensa en los poderes como un “sistema de continuidad” del negocio: delegas para avanzar, pero con reglas para protegerte.
Lo más práctico es crear una matriz de poderes (quién puede hacer qué, hasta qué monto y por cuánto tiempo) y formalizarla con asesoría legal/notarial, revisándola al menos una vez al año.